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  • Roberta

¡Puedes resolverlo, Rubén!

Estoy junto a un consultorio de maternidad, espero por otras razones. Junto a mí van y vienen mujeres que acaban de tener a sus bebés hace unas horas. La mayoría jóvenes, todas con caras de cansancio pues seguramente poco o nada han dormido y con diferentes dolores dependiendo del tipo de parto que han tenido.


Las que vienen acompañadas de otra mujer se ven ligeramente más relajadas pues reciben mucha ayuda y son miradas a los ojos. De las que vienen con pareja (hombre) algunas se ven igualmente apoyadas. Pero, de este grupo, la gran mayoría suman a su cansancio, una cara de hartazgo por tener que resolver cosas o dar indicaciones a su acompañante varón:


Tienes que subir al piso tal y preguntar tal cosa. Carga al bebé, yo ya me cansé. ¿Dónde dejaste mi bolsa? ¡Pero si te la encargué! ¡Espérame, no te vayas! ¡Ayúdame a levantar! Se supone que tú ibas a meter todo en la mochila…

De ellos, los que se ven verdaderamente obligados, metidos en sus celulares y hasta hostiles no hay duda de las marcas de desigualdad. Pero otros más parecen “dispuestos”, muy condescendientes… pensaríamos que ahí la igualdad ha llegado.



Collage de Señora Milton


¿En serio? ¿Podríamos sentir satisfacción porque ellos están dispuestos a ayudar en lo que ellas les indican? ¿Qué necesitamos: ayuda o corresponsabilidad? ¿Qué pensamos de que ellos ejecuten aquello en lo que ellas tuvieron que resolver mentalmente? ¿Nos tenemos que conformar con esa ayuda secundaria y seguir sosteniendo la carga mental de la gestión de los cuidados?


Mientras los hombres no se asuman como cuidadores principales y sigan pensando que hay una cuidadora principal y que ellos tienen derecho a decidir si se hacen o no cargo de un cuidado secundario; mientras el cuidado para ellas sea un deber y para ellos una elección, no podemos hablar de igualdad.


Y esta sala de espera lo sabe, ellas lo viven y lo sienten en silencio. Otras lo reclaman en voz alta, en privado. Y una más, la más joven por cierto, ha sido portavoz en público que con voz firme exclamó:

¡Estuve un chingo de horas en trabajo de parto, me cae que puedes averiguar y resolverlo Rubén!*

Todas, me incluyo, hemos podido reír y mirarnos en una grata complicidad.


*Nombre ficticio.


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